Carles Sans, iba a decir precursor del teatro, junto con Paco y con Juan, del teatro gestual, cómico, en ámbito cómico. ¿Está bien así?

Sí, sí, es teatro gestual, pero digamos que es un teatro un poco “triciclese” formado en función de un género que se ha ido formando poco a poco. Partimos de unas bases originales, que son del mimo, por un lado, el teatro de texto, por otro, la danza, incluso podría ser, la acrobacia, el clonad,… y de todo esto supimos y hemos sabido hacer una especie de coctel en el cual ahora hay un tipo de género muy particularmente nuestro, que nos identifica como teatro, digamos, gestual, teatro de comedia gestual, cómo se quiera llamar.

Y con esto, que ha ido evolucionando y que ha sido una marca del Tricicle reconocidísima lleváis treinta y siete años. A mí no me sorprenden los treinta y siete años, me sorprende que, durante treinta y siete años, Paco, Joan y tú hayáis estado juntos todo este tiempo. Esto me parece más complicado que mantener una relación de pareja durante treinta y siete años. No lo sé, pero…

Tal vez porque somos tres. Si las relaciones de pareja fueran de tres a lo mejor durarían más, no lo sé. [Ríen.]

¿Es complicado o no?

Es complicado. Nosotros lo hemos dicho siempre; esto es una relación casi matrimonial, a tres, pero por encima de cualquier altibajo, siempre ha habido dos cosas han, digamos, sustentado esta compañía. Por un lado, el éxito; si hay éxito sigues con el ánimo, el interés y el entusiasmo de seguir adelante, y luego hay un respeto y un aprecio muy grande entre nosotros. Del mismo modo que un matrimonio, que se quieren, pero al mismo tiempo, a veces, se estrangularían el uno al otro, entre nosotros ha habido momentos, sobre todo en los procesos creativos, que es donde más se complica todo. Todo el mundo quiere aportar sus ideas y no siempre gustan a los demás; entonces hay que pelearlas un poquito y son, a veces, situaciones en las que hay que tener mucha mano izquierda. La hemos tenido: la muestra está en los treinta y siete años; si no, no hubiéramos podido estar juntos.

¿Y en este hit hay mucha mano izquierda o ha sido más fácil?

Más fácil, porqué se trata de recopilar lo mejor de lo mejor de Tricicle. Entonces, claro, muchas discusiones no han habido, en todo caso ha habido discusiones por lamentar no poder poner aquel o el otro, porqué sino el espectáculo duraría tres o cuatro horas.

¿Cuánto dura el espectáculo?

Ahora dura hora y cuarenta, y hemos tenido que frenar, porque, ya te digo, nos hubiéramos ido a las dos horas y media. Y seguro que habrá gente que echará de menos tal o cual sketch, que ¿por qué habéis hecho éste y no el otro. Es que al final ha habido que elegir.

¿Tres años?, ¿cuatro años de gira? ¿Cuánto tenemos previsto? Porque vuestras giras no han estado un año rodando, no, ni dos años… No, no, lo vuestro es…

Bueno entre tres y cuatro años siempre, siempre. Afortunadamente tenemos mucho público; estamos en cada una de las ciudades donde vamos más tiempo de lo que en general las compañías de teatro están. Pues ahora vamos a Valencia y estamos cuatro, cinco, seis, siete, ocho semanas; ocho semanas y generalmente supongo que volveremos. Por lo general las compañías suelen estar un fin de semana en una ciudad.

Claro, es que…

Y luego ya en Madrid y Barcelona sí que hacen, algunas compañías, temporadas un poco más largas, pero en nuestro caso suelen ser cinco, seis meses, en cada una de ambas capitales.

Cuéntame Hits. ¿Qué pasa con Hits?

Bueno Hits es eso: lo mejor de lo mejor.

Pero me han dicho que es trepidante… ¡de verdad! ¡Que no paráis!

Es que no sabemos hacer un espectáculo que no lo sea. Y yo creo que a veces pienso que por edad ya correspondería hacer un espectáculo un poquito más calmado. No puede ser. Tenemos inoculado el virus de la rapidez, del dinamismo, del ritmo y entonces no soportamos que haya un momento de pausa. Tiene siempre que pasar algo, tiene que haber alguien en escena haciendo algo y eso siempre imprime a nuestros espectáculos, pues eso, un ritmo que el público, la verdad, es que agradece, ¿no? Pasa esta hora y cuarenta, pero rapidísimo. Para nosotros es un ejercicio duro porque hacemos sketches que hacíamos con la energía que teníamos hace 25 años y la aplicamos ahora también. Pero bueno, está bien porque esto nos mantiene también a nosotros bien.

Eso te iba a decir, a la vista está ¿Qué haces? ¿Alimentación, ejercicio? ¿Cómo…?

Yo soy, lo reconozco, un poquito gandul en cuestiones de ejercicio físico, lo reconozco. Entonces me aplico mucho a la hora de la función. Pego una sudada importantísima, bueno, salgo después de la función y de la ducha de la función como si saliera de un gimnasio, igual. Entonces ya, digamos que mi conciencia descansa un poquito gracias a esto. Pero la alimentación sí, la alimentación es fundamental. Desde hace unos años a esta parte sí que ya he… por un lado, por influencia de mi mujer, que ella es dietista, aunque no ejerce, pero es una persona muy interesada en todos estos temas, ya he ido informándome, al mismo tiempo me he ido interesando cada vez más. Yo tenía mi íntimo amigo mío, que falleció desgraciadamente, Bigas Luna, que era un ecologista convencido, con su huerto propio, con sus ideas increíbles; es decir, he tenido siempre una cierta influencia sobre el comer bien, que es lo que comemos, cómo debemos comerlo, y cuidarse, y, al final, he entendido que tiene que ser así. Y bueno, vas conociendo, es un mundo apasionante, porque vas conociendo a gente que va en paralelo a la medicina tradicional, que te va indicando sobre alimentación, y ya no solamente sobre nutrición, sino también sobre cómo tomar una serie de suplementos que te ayudan, digamos, a mejorar tu salud y tu estado físico. A mí todo este mundo que es inmenso me ha atrapado, me ha atrapado, y en casa, ahora mismo, somos unos obsesos de comer sano.

Antes de la entrevista, hablábamos con Carles y decíamos: los dos comemos ecológico, casi siempre o siempre diría. Pero a veces la gente te mira: “Estos pijos, que os lo podéis permitir, que…”. Parece como que decir que comes ecológico…

Sí, unos lo tachan de moda, otros dicen que es muy pijo, porque además como el producto ecológico es más caro pues parece y, de hecho, aun es un producto que no está en manos de todo el mundo de poderlo comprar, para otros es pues, en fin… No, no… Yo creo que tienen, tienen… son excusas, son excusas para no tener que esforzarse en tomar según qué productos, y además requiere de un esfuerzo muy importante. Yo entiendo que verdura ahora mismo tu vas a cualquier supermercado y hay la que quieras, durante la temporada que quieras, el día que quieras. Y en cambio, el producto de temporada sólo se encuentra en los supermercados ecológicos, y no siempre puedes tener el tomate que te gustaría tener; éste es el tomate que hay hoy, o éste es el brócoli, y hoy no hay col porque no es tiempo de col o de manzanas. Esto, hoy en día, cuesta mucho de aceptar de entrada. Vivimos en una sociedad en la que todo se nos facilita inmediatamente y no aceptamos que tengamos que esperar por nada; punto uno. Punto dos: el precio; sí, es verdad, pero yo siempre digo que para comprar salud no hay precio, ¿no? Yo, como soy un convencido de que una manzana sin aditivos, sin componentes químicos, a mí me beneficia más que otra cosa, pues para mí prefiero gastar dinero por este lado. Y luego hay un tercero punto, que esto ya es una cosecha mía: y es que es verdad, es verdad, que a veces no todo el producto ecológico es más sabroso que el que no lo es.

Sí, señor.

Y ese es un inconveniente que, a la hora de defenderlo, para los que lo queremos defender, es un argumento que nos falta. Es verdad que a veces hay melocotones químicos, por decirlo así, o como dice una señora que trabaja con nosotros, venenoso –y digo, bueno, tampoco no hace falta definirlo como venenoso–, pero, digamos, es verdad que a veces puede ser más gustoso que un melocotón feo que a lo mejor no tiene tanto sabor. Que a veces se mitifica lo sabroso de lo ecológico, no, pero, a ver, yo sigo apostando y prefiero seguir apostando por algo que sea sano ante algo que sea sabroso pero que al mismo tiempo contiene una serie de productos que no nos benefician.

Decías antes que tu pareja es dietista; aunque no ejerza, si que ejerce en casa, aunque no sea profesionalmente. ¿Recuerdas un poco tu proceso? O sea, ¿ella ya cuando la conociste ya empezó con esto? ¿Fue a partir de un día? ¿Cómo fue? Y también los alimentos que a lo largo de estos años has dicho: “Ah, pues esto no lo conocía o no lo conocía mucho y, hosti”… ha acabado como gustándote…

Sí, sí, sí, bueno ella, exacto, fue poco a poco estudiando, avanzando en esto; investiga mucho a través de internet y me iba diciendo las cosas, cómo debían tomarse y que es lo que contenían. Por ejemplo, por poner un ejemplo: los embutidos. Nosotros los embutidos los congelamos porque las carnes tanto de cerdo como embutidas llevan gérmenes, llevan gérmenes que a bajas temperaturas mueren. Estos parásitos –hay de todo, ¿eh?: parásitos y gérmenes–, estos parásitos y estos gérmenes a veces se depositan en el intestino y, con el tiempo, son perjudiciales para lo que yo llamo el segundo cerebro.

Es que es el segundo cerebro.

Que es el intestino. Y, entonces, no cuesta nada tener 48 horas un chorizo o una butifarra o lo que sea en un frigorífico y después descongelarlo. No se altera para nada. Conservas bien esas propiedades y, sin embargo, se carga una serie de bichitos que, sin duda alguna, sin duda alguna, tienen estos animales. Porque todos llevamos bichos en nuestro cuerpo –unos buenos y otros malos–, pero los hay de malos y, entonces, esa transmisión se puede evitar. Pues esas cosas se aprenden si uno está interesado en eso. Cuando lo comento…

Perdona, Carles, eso que tú decías: sin hacer…, ahora tampoco vamos a hacer nada espectacular, pero es que es tan sencillo como ponerlo 24- 48 horas en un congelador…

Ya está.

No tiene más, igual que lo puedes tener en la nevera hasta que lo vas a comer y te cambia mucho.

Quizás si tengo muchas ganas de consumirlo ahora, pues me tengo que fastidiar; pero si pienso con tal, pues oye, lo congelas y ya está, y no pasa nada. Y todo este tipo de cosas tu vas viendo que, hombre, mira como hay alguien que me decía: “De algo nos tenemos que morir. ¿Qué te piensas?”. “Vas a ser”, me dijo un día uno muy gracioso, dice: “Vas a ser el muerto más sano del cementerio”. Digo: “Bueno, probablemente, pero lo que yo quiero es, aún y sabiendo que como todos nos tenemos que morir, yo prefiero retardar este momento lo antes posible, lo mejor posible, o sea, cuánto más posible”. Por lo cual, oye: ¿Me puede pasar mañana un camión por encima? Por supuesto, pero…

Y la calidad de vida…

Yo creo que –decía Bigas– un signo de progreso es aquella sociedad que sabe comer y que es lo que le beneficia y lo que no. Y es un símbolo de cultura y, sin duda, de progreso. Y yo creo que estamos en una sociedad, la nuestra, en la que se tiene que saber lo que se come, y, además, porque si no es ignorancia, o sea si no es… ignorar lo que te perjudica o querer ignorarlo a mí me parece una bobada.

Carles, igual que con la alimentación estas muy sensibilizado, no sé si también confías en la medicina no sólo convencional, sino también alternativa. Digo, no sólo la convencional ¿eh?, tampoco no sé si a lo mejor con la convencional no confías en absoluto, no sé cómo está todo eso, pero…

No, yo creo que la medicina convencional tiene cosas que son muy buenas, muy buenas. Yo no soy de aquellos que renuncian al 100% de la… porque yo creo que hay cosas que hay que solucionarlas y, a veces, sólo la química que te ofrece un laboratorio convencional te la resuelve. Y ante eso, oye, hay que tomarlo. Pero, por ejemplo, ayer tenía una conversación con el doctor Ventura Clotet acerca de lo resistentes que nos hemos vuelto al antibiótico. Y que se está encontrando con pacientes muy difíciles de curar precisamente porque hay una serie de cepas que han ido…

Evolucionando.

Han evolucionado hacia una fortaleza impresionante con respeto a cualquier antibiótico o medicamento que les pueda eliminar. Esto, por ejemplo, son cosas que hay que saberlas…

Eso es por el abuso de antibiótico, ¿no?

Claro, el abuso del antibiótico, ¡ojo! Antibiótico que también llevan terneras, corderos, etcétera, etcétera. Y esto, digamos, esto ya no lo podemos evitar, porque nos lo tomamos cuando nos tomamos un chuletón en un restaurante; pero que sí se puede evitar, a veces, tomando otras cosas. O sea que, en ese sentido, en la medicina convencional hay cosas que están muy bien, y hay cosas con las que hay que ir con mucho cuidado. Y luego hay una alternativa: que hay cosas interesantísimas. Yo tengo problemas de estómago; tengo gastritis y tengo dos opciones: tomar protectores de estómago –omeprazol–, que lo he tomado durante mucho tiempo y que ahora lo he dejado desde hace ya bastante. Y lo he substituido, entre otras cosas, porque, pues, primero: por no tomar aquello que me he dado cuenta clarísimamente que me perjudicaba y, en todo caso, por poner un ejemplo, a veces tomar según que alcoholes, bueno, pues no tomo de forma frecuente. Y, en segundo lugar: hay una serie de remedios que funcionan. Y te voy a contar uno, uno que ha provocado las chanzas, risas y demás de mis amigos no creyentes en esto, pero que a mí me ha funcionado muy bien y que algunas personas que han seguido y lo han hecho también les ha funcionado. Cada mañana, en lugar de tomarme el protector de estómago, me he tomado una patata cruda, no demasiado grande, sin pelar, bien limpia, sólo hay que quitar los hoyuelos, se corta un poquito, se pone en dos dedos de agua en el minipimer, y de un tirón. Esto es un antiinflamatorio extraordinario. Cuando me lo dijeron, yo pensé: “Bueno, voy a probarlo, voy a probarlo, pero esto es el remedio de la abuelita”. Lo probé y estuve durante dos meses de verano tomando alcohol [Ríen.], tomando de todo y… porque esto forma… tiene los mismos efectos que el protector estomacal, es decir, crea una película antiinflamatoria en el estómago, pero no es químico: es natural. Oye, que a lo mejor a mi me ha funcionado y ahora lo prueba un señor y no le funciona; da igual, pero en cualquier caso yo no daría la espalda a ese tipo de cosas que luego funcionan o no, depende, pero a mí, por ejemplo, me ha funcionado.

Carles, creo que es evidente que me encantaría seguir hablando contigo, y más de estas cosas que a los dos…

Ahora ya me van a señalar: “Mira, el tonto que toma patata por la mañana”. [Ríen.]

¡Exacto! Ahora, también tenemos que decir una cosa, y ahí, si me paso del tiempo, me da igual, que una cosa no quita la otra. Hablábamos con Carlos Latre en la sección, hace un mes y medio, y me decía: “Yo hago giras gastronómicas, más que de espectáculo”. Vosotros cuando salís sabéis a qué lugar ir, qué comer; o sea, en Valencia, que es la próxima, estoy seguro de que sabéis en qué lugar vais a tomar el arroz sabanda, o lo que os apetezca. Comer, ¡coméis muy bien!

No tengo ninguna duda. Después de los años, después de tantísimo viajar, yo diría que uno de los pocos alicientes que siguen vivos es el visitar un restaurante que nos han dicho que hace tal o cual plato, y más. Como decía Xavier Domingo, un crítico ya fallecido hace muchos años… escribió un libro que decía: “Cuando lo único que nos queda es comer” [Ríen.]. Pues yo creo que, poco a poco, es de las pocas cosas que todavía esto… y, sí, sí, somos unos gourmands estupendos.